“La épica y la novela (gráfica)” [fragmentos de Bajtín para pensar la historieta]

En las épocas en que la novela se convierte en un género predominante, se observan ciertos fenómenos muy interesantes. Toda la literatura está envuelta en el proceso de formación y en un cierto “criticismo de los géneros”. Eso es lo que se produjo en determinados períodos del helenismo, en la Edad Media tardía y en el Renacimiento; pero, con especial fuerza y claridad, en la segunda mitad del siglo XVIII. En las épocas de dominio de la novela, casi todos los demás géneros, en mayor o menor medida, “se novelizan”: el drama (por ejemplo, el drama de Ibsen, el de Hauptmann y todos los dramas naturalistas), el poema (por ejemplo Childe Harold y, especialmente, Don Juan de Byron) e, incluso, la lírica (un ejemplo impresionante: la lírica de Heine). Los mismos géneros que conservan tenazmente su antigua canonización, adquieren el carácter de estilización, y, a veces, hasta una estilización paródica.  En presencia de la novela, en tanto género predominante, los lenguajes convencionales de los géneros canónicos estrictos comienzan a tener una nueva resonancia, una resonancia diferente a la que tuvieron en las épocas en que no existía la novela en la gran literatura.
[...]
¿En qué se manifiesta el fenómeno de novelización de otros géneros que hemos mencionado más arriba? Los géneros se hacen más libres y más plásticos; su lengua se renueva a cuenta de la diversidad de los lenguajes no literarios y de los estratos “novelescos” de la lengua literaria; se dialogizan;  penetra luego en ellos, en grandes proporciones, la risa, la ironía, el humor y los elementos de autoparodización; finalmente -y eso es lo más importante-, la novela introduce en ellos una problemática, una imperfección semántica específica y un contacto vivo con la contemporaneidad no acabada, en proceso de formación (con el presente imperfecto). Todos estos fenómenos, como veremos a continuación, se explican por la trasposición de los géneros a una zona especial de construcción de imágenes artísticas (una zona de contacto con el presente imperfecto), a una zona asimilada, por primera vez, por la novela. (Épica y novela: acerca de la metodología del análisis novelístico: Bajtín, Mijail, 1941)

Estamos condenados a las discusiones cíclicas. Hace tiempo habíamos hablado de esto, y ahora volvemos a la misma discusión. Es todo culpa de Andrés Valenzuela, que destapó la olla otra vez. Así que, ya que hace unos días tuve que leer este texto de Bajtín, comparto un fragmento que me hizo pensar inmediatamente en este tema de la novela gráfica.
Si bien el ruso está pensando en las condiciones históricas que permitieron el ascenso de la novela como gran género en el siglo XIX, la idea de que un género va cambiando su jerarquía en relación con otros según la época es más que interesante. Lo que nosotros tendríamos que agregar para que la ecuación sea más redonda es que no sólo se establecen relaciones entre los géneros hacia el interior de una serie (la serie literaria, la serie cinematográfica, la serie de las artes plásticas, la serie de las historietas… Creo que Bourdieu se afana buena parte de esa idea de serie de los Formalistas Rusos para pensar sus campos), sino que entre las distintas series también hay intercambios: por culpa de los avances científicos, “De la tierra a la luna” ya no parece ciencia ficción: la serie tecnológica mantiene en perpetuo cambio a la serie literaria, sobre todo en lo que respecta a la literatura de ciencia ficción (ni hablar de la masificación de la telefonía celular y su utilización permanente en las ficciones televisivas, por poner otro ejemplo).
Habría que ver entonces en qué medida ha ascendido la novela como género (sospecho que su descenso tuvo que ver con las grandes discusiones que le planteó la vanguardia histórica y su ascenso con el regreso a la narración más clásica de los posmodernos) para pensar una novelización de la historieta y quizás también de las narrativas cinemáticas: hay quien piensa Lost como una novela y no debe estar muy errado, supongo.
Esta cuestión de la novelización de otros géneros tiene que ver con cuestiones bien puntuales que estudia Bajtín, algunas que son más específicas de la literatura y otras que las podríamos llegar a contrastar en la historieta (en las novelas gráficas y también en las otras) y que van más allá del simple acto de encuadernar unos papeles dispersos (aunque después tipos como Genette, no podemos dejar de pensar en lo que implica la paratextualidad y las cosas que una tapa dice sobre el contenido del libro, pero eso lo toco medio de oído). Nunca vamos a resolver nada en este tipo de discusiones, pero a mí me divierte ponerme a pensar estas cosas y evitar la pose de “yo leo historietas y punto, los géneros y las teorías me resbalan”.
En última instancia, ¿qué es una novela gráfica? Y… Qué sé yo.

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Publicado el julio 12, 2011 en afanes, Reflexiones que parecen importantes. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Muy bien, Bruno, muy sincero, y eso se agradece. Antes de terminarlo, yo sabía que al final del post venía lo más interesante. En tu “qué sé yo” se adivina también un “no viene al caso”. Me parece muy bien que se discuta la posición de la novela gráfica – la relación con el entorno, su poder de afectación en ambos sentidos, si significado cultural, etc -, y más desde un ángulo en concreto. Aún así sigue estando la otra cuestión, la formalista, pero como le digo a Podeti en HDA, es muy pronto para poder decir “esto es así”. Hay tentativas de explicar las cosas, pero como señalás, es agotador, y más cuando uno no se dedica a la crítica a tiempo completo. Pero yo aplaudo todo intento de allanar el camino, de hacer la cama antes de echarse. Un saludo.

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    • Sí, por un lado ese “qué sé yo” es un “no viene al caso”, pero también es porque desconfío seriamente de las ontologías (como ya escribí ayer en Cuadritos: yo no sé bien qué ES algo, sino qué dicen otros de eso o qué puedo decir yo). Por eso es que no sé en qué medida podemos hacer una definición formalista de la novela gráfica: no sé qué propiedades temáticas, narrativas, retóricas o enunciativas en general tiene una N.G. (como tampoco me resulta claro con respecto a la novela, incluso me parece que Bajtín en algún lugar decía que la novela es un genero en constante cambio: eso no permite definiciones). Hoy yo creo que es una cuestión de actitud, de decir “soy novelista gráfico y esto de acá es una novela gráfica”, y eso no creo que esté ni bien ni mal. Yo digo que soy crítico y esto de acá es crítica, y ya me ves: no me pongo colorado.
      Yo me meto en estas discusiones porque me divierte y porque me hace pensar, pero corriéndome un poquito para afuera, lo que hay en esa serie de “tentativas de explicar las cosas” es una lucha por una definición del campo: me hincha las bolas pensar esto en términos bourdianos, pero es así: lisa y llanamente ahora hay que ver quién la tiene más grande, y ese es el que va a decir qué es una novela gráfica. Lo que me lleva de vuelta a mi desconfianza de las ontologías: lo que algo ES, lo decide el más fuerte…

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  2. Che Bru, estaría bueno pensarlo también desde la teoría de la recepción, como un hilo más que define la trama de la discusión. ¿Qué pasa con el lector que compra y que de subtítulo se encuentra con el cartelito “novela grafica”? ¿O con un librero/revistero que le dice “esta es una novela gráfica”? ¿O con un autor que define su producción de esa manera? ¿Qué compro cuando compro eso?
    Sólo te tiro cosas que se me ocurren de la lectura.

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    • Genia.
      Sí, esa es otra pata interesantísima para pensar el asunto. Capaz que es la más difícil de contrastar (porque habría que activar un sistema de encuestas o algo así), pero seguro que es recontra interesante pensar qué efectos de sentido tiene el cartelito “novela gráfica” en una portada, que una historieta esté en un anaquel de librería que diga “novela gráfica”, etc. Es probable que podamos pensar que así como el autor se distingue de otros diciendo “yo hago novela gráfica” y el librero distingue diciendo “acá vendo novela gráfica”, el lector se distingue de otros lectores diciendo “yo compro y leo novela gráfica”. En algún caso hasta podemos considerarlo una marca de snobismo.

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