Sobre el asco y otras flores

De los problemas que presenta toda traducción, existe uno que me preocupa bastante: qué hacer con ese excedente, con eso que 32sobra y resulta imposible de traducir, con eso que es propio del lenguaje traducido que el lenguaje que traduce no conoce, no deja expresar. ¿Cómo traducimos, intentando hacer justicia, la expresión “mother fucker”? ¿”Cogemadres”? ¿Cómo se dirá en francés “pelotudo”? ¿El “ojo de buey”, será también “ojo de buey” en yiddish? Y si encontráramos ese imposible llamado “traducción ideal” ¿estaríamos diciendo (exactamente) lo mismo?
El problema de ese remanente, de ese no se qué intraducible, lo podemos buscar tanto en traducciones idiomáticas (inglés a español o también del “español del siglo XII” al “español contemporáneo”) como en traducciones de un lenguaje verbal a uno visual. ¿O acaso nunca les pasó, queridos lectores, que estaban viendo la película de “una adaptación de tal obra de Jacobo Winograd” y dijeron: “En el libro eso no era así”?
El problema que planteo, resumido en una frase, es si en la adaptación, como proceso, se busca decir “casi lo mismo” que una obra anterior en otro lenguaje o generar una obra nueva y diferente (atención: la enunciación de esta hipótesis me parece un tanto drástica).
Cuando leí el “Informe sobre ciegos” escrito por Ernesto Sábato me dio mucho asco. Yo soy un lector bastante insensible, pero sin embargo el asco estaba ahí, el asco y la paranoia. Y el miedo a los ciegos.
Varios años después conseguí la adaptación que hicieron el viejo Alberto Breccia y Norberto Buscaglia. Yo buscaba disfrutar del arte del viejo, no le ponía muchas fichas a la adaptación, no pensaba en sentir el asco otra vez. Pero me equivoqué. El asco estaba, aunque no era igual.
38¿La adaptación había fallado? Creo que no, de ningún modo. Es obvio que no puedo halagar al viejo por una historia que no escribió, pero sí me gustaría hacerlo por cómo la interpretó (tal vez de eso se trate esto de la adaptación).
Un tiempo después de leer el “Informe…” me topé con unas palabras del editor de Rackham, Latino Imperato, acerca de lo que intentó hacer el viejo con los “Mitos de Cthulu”, que decía: “Debido a su especial preocupación por encontrar el modo de traducir conceptos que fácilmente pueden expresarse con la palabra, pero que son intangibles y que por ello, y en principio, no se pueden dibujar, Breccia se propuso utilizar un material literario muy cercano al universo creado por Sábato. Su investigación se centra, pues, en la elaboración de elementos formales y de un lenguaje plástico que reproduzca, con la mayor fidelidad posible, el horror sugerido y alimentado, pero jamás develado por completo (…)”. Es decir: cuando Breccia se enfrenta con la adaptación tanto de Lovecraft como de Sábato, su experimentación intenta reponer, de la mejor manera posible, todos los horrores indecibles, aquello que es apenas posible plasmar en palabras (de ahí que sea inquietante), mediante artilugios visuales. Y vaya si lo logró.
Si hay un triunfo, una subversión, en la historieta “Informe sobre ciegos” es el uso de la mancha como posibilidad expresiva. Es la utilización de lo supuestamente no significativo como vehículo. Al apartarse de lo netamente figurativo, Breccia entra en el territorio de la sugerencia, de la interpretación libre incluso; le da mayor espacio al lector para moverse en el texto, pero sin dejar de ser efectista: todo lo que está dispuesto en un cuadro busca generar una sensación: entonces, inquietan los ciegos, horrorizan los monstruos de las catacumbas y repugna la apariencia de Fernando Vidal.
46Todo aquello que Sábato consigue con parrafadas, Breccia lo resuelve con manchones… O no. ¿Es realmente así? ¿Breccia y Sábato hablan de lo mismo? ¿En sus obras hay un fondo común de significación? ¿Acaso lo que hizo Breccia es ensanchar el horizonte semántico del “Informe sobre ciegos”, o bien (algo peor para los puristas de la literatura), crear una obra completamente independiente y para nada deudora del “Informe sobre ciegos” de Sábato? La decisión final de esta vacilación, como la de la vacilación que produce cada mancha en cada página del viejo, no tiene resolución, ni aquí ni en ningún lado.
Tal vez, quizás, en ese avance del dibujo sobre la palabra es donde la obra del viejo encuentra su mayor vigencia. Y es que, en estos días en los que los “teóricos” de la historieta como Scott McCloud participan de la vanguardia intelectual sospechando los escasos límites de la historieta digital, proponiendo quimeras borgeanas como páginas imposiblemente largas, la línea fuerte, la forma definida en el papel, son moneda corriente en la historieta. Y de la subversión gráfica son pocos los que se acuerdan.

57Texto publicado (con modificaciones) el 4/2/09 en Mondocomic

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Publicado el septiembre 10, 2009 en A. Breccia, Historieta Argentina. Añade a favoritos el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. este blog es una genialidad!!!
    me encantó cruzarte el otro día, chabon!

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  2. Hola, bueno llegue aqui desde tu otro blog, el de Hermes traducciones y lamento que dejaras las “traiciones”, pues eran buenas a mi parecer, aunque ahora tambien encuentro interesante esta nueva linea.

    Con respecto al tema, creo que no es lo mismo el traducir una historieta a otro idioma, ke hacer una adaptación (con traducción si quieres) de la literatura a la historieta, o de una historieta al cine. Pues esto de adaptar a otro arte, es algo mucho mas complejo.

    Sin embargo, creo que sea bien una traducción al mismo medio o una adaptación a otro, estos deben procurar que el encargado capte la esencia de la historia y sea capaz de “imitar” el estilo del autor original, ademas de comprender el sentido de lo que quizo expresar este en cada determinada parte.

    Porque lo que hace un artista en un medio como la literatura, el cine, etc. es adaptarse y utilizarlo para expresar/contar una historia, una idea, pero esta de por si no nos llega exactamente igual como el la imagino o sintio, lo que el hace es recurrir “palabras”e “imagenes”, para expresar esas ideas. Las palabras e imagenes, por lo tanto solo son sugerentes en si mismas.

    En otras palabras como el mismo arte es “sugerente”, si entiendes lo que el autor original quiso comunicar, el lenguaje usado no importa demasiado. Es lo mismo que alguien en tierras extrañas, tratando de comunicar una idea en otro idioma. Si conoce bien ese idioma, cuanto mas sera mejor entendido el sentimiento o idea que trata de expresar, pero si casi ni lo conoce probablemente no lo entenderan bien.

    Saludos.

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    • spiderjerusalem85

      Gracias por tu opinión, Orlando!
      A ver: estamos de acuerdo con que no es lo mismo una traducción idiomática que una adaptación, sin embargo creo que como actividad tienen ciertos puntos en contacto (el más importante, que el traductor/adaptador se ubica como mediador entre dos códigos o lenguajes distintos: elige, a partir de una serie lingüística previa, una posible equivalencia en otro lenguaje/medio). No sé si la adaptación es más compleja que la traducción ni quiero animarme a decidirlo: cada una tiene su complejidad particular.
      El problema que veo es cómo decidir cuál es el querer-decir del autor traducido/adaptado. A lo que me refiero es que creo que toda traducción/adaptación implica una interpretación (es decir: tomar posición por un sentido posible de los múltiples que puede generar un texto previo -y por texto también entiendo una historieta-). Se me ocurre un ejemplo: Borges en algun momento dijo que a él le parecía mucho mejor el título que recibió la traducción de “The turn of the screw” de H. James, “La otra vuelta de tuerca”, porque, si mal no recuerdo, el traductor, al agregar ese “otra” que no tiene un correlato en el título en inglés, expande sentidos. Se me ocurre que este proceso es como un fenómeno de refracción.
      Y por eso es que dudo de que en una obra traducida (o una adaptada) se diga “lo mismo” que en la obra original: porque decir “casi” lo mismo no es decir “estrictamente” lo mismo. Y de ahí mi pregunta: la obra traducida ¿es igual a su fuente o distinta que su fuente?

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      • spiderjerusalem85

        Otra reflexión que apareció hace poco en una charla en la cual participé: la historieta y la literatura pueden llegar a compartir estrategias de narración pero nunca la palabra escrita va a tener las mismas posibilidades que la imágen visual y viceversa. De manera que en una adaptación de una obra literaria a una historieta (al revés parece que no funciona: la literatura desprecia las obras que no vienen de su ámbito y sólo se contenta con hablar de ella y a veces ni siquiera) el adaptador tiene que elegir entre dos opciones: o bien intenta ser lo más fiel posible al estilo del escritor, y por consiguiente componer una serie de viñetas que acompañen un texto profuso y preferiblemente copiado textual de la obra literaria, o quedarse simplemente con la anécdota de la obra literaria y comenzar a proyectarla en función de las posibilidades expresivas de la trama de viñetas y texto que constituye a la historieta. En otras palabras: privilegiar el lenguaje del medio fuente o el otro. La misma decisión que me hacían tomar cuando traducía en la facu…

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  3. te complicas mucho la vida

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  4. spiderjerusalem85

    jaja
    es un poco la idea =S

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  1. Pingback: La figuración « Opiniones sueltas, viñetas cautivas

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