El libro adentro del libro (sueño y ficción en “Las helvéticas”)

La colección de Corto Maltés de la reviste Ñ se está terminando. Los últimos libritos trajeron historias muy interesantes pero Las helvéticas fue verdaderamente una sorpresa. Comparando el estilo de dibujo (Las helvéticas tiene una línea un poco más despojada, menos preocupación por el detalle y formas menos angulosas que las historias anteriores) pude suponer sin buscar en internet que era una historieta más tardía que las anteriores, pero la sorpresa mayor apareció al terminar de leer el librito.

Las helvéticas es lisa y llanamente un viaje onírico. Corto se aleja de su “hábitat natural” (el mar y las zonas costeras) para adentrarse en Suiza y vivir en un sueño lo que no le tocó ser en la vigilia: una surreal aventura caballeresca.

Desde luego, para hacer más efectiva la presencia onírica, Pratt condimenta la trama con (sobre)saltos de planos: entrar en una casa es empezar a soñar, abandonarla es salir del letargo, acostarse leyendo una novela de caballerías es otra vez penetrar en el mundo de los sueños, cerrar el libro es despertar. Dicho así estoy quitándole matices a algo que Pratt resuelve valiéndose de la secuencia de manera magistral (y que el lector curioso irá a buscar pertinentemente; quiero hacer notar que el cierre del sueño con Corto “saliendo” del libro me pareció una imágen fabulosa y semánticamente muy densa).

Pero lo que más me llamó la atención es el trabajo con los fondos. Yo no sé si es porque ya estoy medio chicato, pero las primeras viñetas que ilustran el viaje en coche de Corto y Steiner tenían una intención detallista muy obsesiva que no había visto en las otras historietas (¿Cómo generar la sensación de cotidianeidad previa a la irrupción de lo fantástico? Precisamente así). Con el correr de las páginas, el ingreso a la oniria tiene otra marca significativa: los fondos se saturan (muchas veces de una iconografía muy reconocible como “medieval”, pero no siempre) y hay una subversión que sólo puede llevarse a cabo en el mundo de los sueños: Corto (la figura) interactúa con los fondos, charla con ellos. Claro, el sueño habilita que un grabado en una pared hable, pero también habilita a que se desajusten los protagonismos pictóricos y se quiebre la jerarquía clásica de la figura por sobre el fondo.

El sueño de Corto (lleno de referencias a Wagner, los templarios, la saga artúrica y varios ítems de la cultura libresca) es un sueño que genera sus condiciones de realidad: al abandonar la lectura durmiente del libro de Percival (cuando la imágen no responde el saludo de Corto) aparece Mr. Sandman para hacerlo dormir (podríamos decir que “despertó en falso” para volverse a dormir: ¿Cuál es la marca de que no se despertó? El fondo saturado de flores). Sin embargo el escepticismo de Corto, que se dejó llevar todo el tiempo por el simple placer de hacer avanzar la ficción, lo aleja, en el final, de la confusión: ya dudó en su momento, ya aprendió a distinguir entre realidad y sueño y finalmente se convirtió en un jugador (lector) experto del juego de la fábula-sueño. Problema: la aparición del anillo (como si de una flor de Colleridge se tratase) reintroduce perturbadoramente la vacilación. Vacilación que no se resuelve en las páginas de Las helvéticas: Corto se va a Zurich con el libro y el anillo en busca del sueño perdido.

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Publicado el abril 16, 2010 en Corto Maltés, Lecturas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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