Sasturain vs. De Santis (acerca del Viejo Breccia)

“En algunas secuencias del episodio inicial de Mort Cinder -el de los llamados ‘ojos de plomo’- y luego sistemáticamente en su versión de El Eternauta, Breccia lleva a la plasmación gráfica más aparatosa esa intuición obsesiva: lo deforme, lo indefinido como sujeto y atributo del terror, de aquello que por desconocido nos hace inclinarnos ante un doble abismo, externo e interior.

“Los monstruos invasores de El Eternauta -plasmados anteriormene como bestias puntuales, desaforadas pero reconocibles, en la épica versión inicial de Solano López- se convierten, bajo la óptica de Breccia, en volúmenes vagos, tan indefinidos como amenazantes: tanto o más temibles por ser, precisamente, de la materia de las sensaciones indescriptibles, del espanto primario ante lo desconocido.

Sin embargo, no siempre la elección de representar el contexto en términos no estrictamente realistas tiene esta misma connotación enfática de espanto. No. Porque Breccia no es un dibujante ‘negro’ ni -mucho menos- ‘de terror’, otro equívoco. En la serie Un tal Daneri, por ejemplo, realizada con guiones de Carlos Trillo, el escenario está resuelto con bloques grises, casi abstractos, fantasmales, que trasuntan una feroz melancolía y dan el contexto exacto a esas historias empecinadamente ”pobres”, menores, amargas. Pero es, además, el tiempo el que difumina, hace desvanecerse los contornos del barrio natal evocado (el Mataderos porteño, cuna del dibujante) en una mezcla de nostalgia de hoy y pobreza de ayer.”

(Sasturain, Juan: El domicilio de la aventura, pp. 143-145, el resaltado es mío)

MORT CINDER, la gran historieta que Héctor Germán Oesterheld y Alberto Breccia desarrollaron entre 1962 y 1964 en la revista Misterix, recorre la ciencia ficción, la ficción histórica y la leyenda, pero el género que la gobierna es el terror. Los protagonistas son un anticuario de Londres, Ezra Winston, y un inmortal, Mort Cinder. Una serie de objetos -un ladrillo que perteneció a Babel, un antiguo vitral, un amuleto, un espejo egipcio- desencadenan las historias…”

(De Santis, Pablo: La historieta en la edad de la razón, pp. 106-107)

[Es claro que lo que yo tenga que decir es muchísimo menos importante que estos dos señores a los que hice hablar acá arriba, así que confino mi comentario a los corchetes. A decir verdad yo concuerdo con Sasturain. Me parece que en su ambición de caracterizar de un plumazo la historieta ‘Mort Cinder’, De Santis se deja llevar por ese no-se-qué tan ominoso que tiene el estilo que despliega Breccia para representar las aventuras de Ezra y Mort, que son de corte fuertemente detectivesco -no me gusta citarme, pero en otra ocasión ya hablé de ésto-. Un problema: ya estoy demasiado establecido en la hipótesis de Sasturain como para forzarme a leer ‘Mort Cinder’ como una historieta de terror. En algún momento voy a poder…]

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Publicado el mayo 3, 2010 en A. Breccia, afanes, Historieta Argentina, Mort Cinder, Oesterheld, Reflexiones que parecen importantes. Añade a favoritos el enlace permanente. 10 comentarios.

  1. Me regustaría cazar algún cuero de comics para comentar algo en este blog. Pero mi conocimiento historietil se limita a las “Patoaventuras” y a la fotonovela de la revista de Nubeluz. No, no soy lo suficientemente cool para esto.

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  2. Si De Santis definiera qué cosa es el “género de terror”, capaz que avanzaríamos un poco… No siembre cosas reconocibles como dentro del género de terror apuestan a lo difuso.

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  3. Doña Leporina: no se aflija. Siempre puede engalanar estos apagados e irresponsables posts con expresiones del tono de “cazar un cuero”, que son necesarias y hasta recomendables.

    Fede: Por lo que vengo viendo cada vez que releo pasajes del libro de De Santis, habla mucho y define poco. Es más una buena hoja de ruta de lecturas que un ejercicio crítico a conciencia. Así y todo me gusta y lo respeto. Además de que me da tela para cortar, je.

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  4. Sastrecillo valiente, concuerdo con la lectura de Mort dentro del género detectivesco. Que el contexto en que se mueve el personaje tenga monstruos, cambia-formas, viajes en el tiempo o, por el contrario, colonoscopías, tomografías y sarcasmo, No excluye lo detectivesco.
    Creo que desde Sir Doyle, la pareja de sujeto que emprenden un periplo para resolver incógnitas/problemas/misterios, ha instituido un género, no hablo del policial, en absoluto. Insisto profundamente en la serie detectivesca.
    My dear Watson, siga cortando que le quedan bien los trajes.

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  5. De Santis no define porque da por sentado ciertas conveniciones alrededor de la crítica. Si te fijás, Sasturain tampoco define, pero a mi juicio escribe mejor, y cuando se escribe bien no hace falta definir (a no ser que se estén tratando conceptos nuevos). Pero no nos hagamos los tontos, sabemos lo que es el género de terror.

    La comparación del segundo párrafo de Sasurain explica un poco por qué, para mí, si El Eternauta de Breccia hubiera llegado a buen puerto, ahí sí la hubiese considerado El Ciudadano del comic argentino.

    Con Breccia todo es misterio.

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    • No estoy para nada de acuerdo con el vínculo que establece entre “hacerse el tonto” y pensar la problemática de un género.
      Desde luego que el mero hecho de que haya ríos de tinta sobre la problemática del género no es suficiente cita de autoridad; sí es importante recuperar constantemente la idea de género como un concepto absolutamente histórico, no sólo de construcción, sino también de recepción histórica.
      No creo que haya que dar por sentado algo -como en este caso un género- que se (re)construye constantemente; tanto desde la producción como desde la lectura.

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    • Bueno, el problema es justamente “dar por sentado”. Como dice mi colega Milenrama, un género es una construcción que cambia con el tiempo, por lo tanto si yo nombro “género de terror” por lo menos sería oportuno que explicite las coordenadas dentro de las cuales yo creo que una obra se ubica en tal género (coordenadas que van a dar cuenta de la lectura que se hace de ese género en ese momento histórico). Con lo cual, cuando uno da por sentado algo es porque lo tiene naturalizado o hace agua como argumento.
      Era medio dificil que el eternauta que estaban haciendo HGO y el viejo llegara a buen puerto dentro de una revista tan bienpensante como Gente. De todos modos, coincido, hubiera sido muy importante para la historia de la historieta argentina. ¿Qué hubiera pasado con el otro Eternauta, el de Solano?

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  6. Epa epa, que yo doy mi interpretación de las palabras de De Santis, nunca dije que esté de acuerdo. Como autor, no me excluyo de uno de los hacedores de esa “construcción que cambia con el tiempo”. Y no soy el único: ¿acaso no es eso lo que nos proponemos los de Factum Grafonovelas Semanales?

    P.D: Sabemos lo que es el género de terror; el asunto es cómo lo sabemos, qué lugar ocupa en nuestro bagaje ese “saber un género”, y a partir de allí leer a De Santis o quien sea.

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    • No te estreses, nadie está muy de acuerdo con De Santis.

      PD: Con respecto a tu post data, creo que hay una diferencia grande entre leer un libro como el de De Santis y “Tales From the Crypt”: “Tales…” se ubica en alguna zona del género de terror (o de sus márgenes) y se construye como texto con esa referencia que es siempre poco precisa, en cambio el libro de De Santis se ubica desde fuera del género de terror (es un ensayo) para hablar del género de terror, sus lectores pueden no saber nada del género (pueden, de hecho, no saber nada de historietas) por lo que es necesario que realice una definición, que no de por sentado que en horizonte de sus lectores “género de terror” sea un saber incorporado.

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  7. Entiendo. Agarrá cualquier monografía de arte (no tipo Taschen, una de verdad) y fijémonos a ver si se define lo que ya está definido hasta el hartazgo en libros de bolsillo. A no ser que el libro se llame “Introducción a”, o “¿Qué es…?”, o “…para principiantes”, uno puede tranquilamente dar por sentado que el lector:

    1-O bien no se acerca al ensayo en pelotas, es decir ya cuenta con un bagaje mínimo del asunto en cuestión.
    2-Empezó por el medio, por este ensayo, y va a completar los conceptos con bibliografía adicional, muchas veces citada en el ensayo.

    En ambos casos me refiero a un lector “ideal”. Los demás no me interesan.

    Por eso aplaudo el libro de Laura Vazquez. Resume en tan pocas páginas cuestiones tan mínimas, que no hará falta reescribir lo mismo nunca más, y se podrá empezar a especificar más, a dar por sentado.

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