No te bañarás dos veces en un mismo río (acerca de “Como un río” de P. Wazem)

Editorial ExAbrupto publica cosas así: distintas a lo que nuestro mercado editorial historietístico nos tiene acostumbrados. Como un río, de Pierre Wazem, es la historia de un señor llamado Vladimir que vive solo en algún lugarcito perdido de Rusia y anda en patas (¿será esa una forma através de la que el autor intenta darnos la impresión de que Vladimir ya está a cierta distancia de ser un hombre cultural?). Vive solo pero no nos da la impresión de esatarlo: habla, le habla a nadie, le habla a una tal “Macha”. La narrativa es fluida, se cuenta mucho con las viñetas (no se vale de cajas de texto, quiero decir), al principio el texto es poco porque Vladimir está solo. Y uno piensa, entonces, “solo = loco”. Pero cuando yo llegué a pensar eso, la historieta me hizo ver que no, que Vladimir no está loco: está tristísimo. Porque Como un río es una historia triste. (Me permito un excurso: no estoy de acuerdo con eso de valorar negativamente a las historias “tristes”, esta misma es una prueba de lo contrario).

Como un río me hizo acordar a “El limonero real” de Juan José Saer. Tal vez sea por ese fluir pausado, casi a cuentagotas, del relato. Tal vez por la figura del protagonista, tensionado por el pasado, por la ausencia, todo el tiempo (habla, al principio, para conjurar esa ausencia; pero con la llegada de su hijo sus intervenciones se vuelven más parcas, como si sólo pudiera hablarle a ese alguien que no está). Tal vez porque es una de esas historias en las que parece que “no pasa nada”, pero, en este caso, lo que verdaderamente está pasando es la secuencia, el trazo, la viñeta, la grafía, en definitiva.

Como un río explota la metáfora del río en varios aspectos: la metáfora acuñada por Heráclito (que titula este post) que hace referencia al fluir inevitable del tiempo; también es como un río que se ramifica, haciendo referencia a las decisiones que toman (o tomaron) los personajes; y además establece la referencia al fluir de la historieta, que es ella misma como un río (la corriente de su narración inevitablemente se mueve, con algunos serpenteos, hacia el final). Y, al terminar, ni Vladimir ni nosotros, lectores, somos los mismos: en Como un río lo que iba a ser, al final ya no es, lo que antes no era, ahora tal vez será.

Es una historeta hermosa, pausada, bien pensada, entretenida si uno tiene paciencia, publicada con una calidad notable a un precio muy accesible. Vale la pena.

[Fui a la Feria del Libro y me compré varias cosas que en estas semanas, si mis tiempos me lo permiten, voy a intentar reseñar. La reseña crítica es una actividad que me resulta bastante ajena y para la cual, creo, tengo poca práctica. A ver cómo me va con estas historietas.]

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Publicado el mayo 10, 2010 en Lecturas. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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