El secreto del olvido (acerca de “Los perros de Pavlov” de Javier Bordón)

Hace ya unos once años, Piglia escribió que todo cuento narra dos historias: una superficial que se nos muestra sin ocultamientos en el espacio del texto, y otra secreta, esquiva y fragmentaria, oculta (pero no del todo) en los intersticios de esa narración superficial. La conclusión de ese universo cerrado cuya forma recibe el nombre de “cuento” (y que bien podríamos aplicar, con las reservas que supone el estar hablando de una historieta, a Los perros de Pavlov) es la que da el golpe de efecto de invertir los roles y traer a la superficie esa historia segunda, antes elusiva y ahora definitoria.

Los perros de Pavlov cuenta las periódicas reuniones de un grupo de chicos en una casa abandonada y la actividad que allí mantenían (un juego que consistía en marcar con naranja los elementos nuevos en una habitación distinta cada vez). Pero de fondo (la segunda historia) hay una trama perversa, que no ha sido resuelta en su momento por el narrador y que insiste en permanecer inaccesible a su comprensión.

La tésis de Piglia puede ser una clave de entrada a esta magnífica historieta que acaba de editar La Pinta. Pero también hay que hacer una serie de salvedades y de correcciones.

Esta idea de las dos historias se funda en el el ocultamiento y en el engaño, en un juego con/de la(s) verdad(es). Los perros de Pavlov es una historieta que explota la posibilidad de divergencia entre los dos “canales” de narración que tiene el medio: la narración verbal y la gráfica. Mientras que la voz memoriosa que cuenta los hechos exhibe una pasmosa naturalidad para relatar algo verdaderamente perverso e inquietante, el dibujo lo sugiere, lo exhibe y hasta lo ostenta. Probablemente, esta sea una forma muy productiva del equívoco en la historieta que Bordón ha sabido utilizar, porque en última instancia la historieta se cuenta en, por y desde esa tensión: la tensión de no saber nunca por dónde nos llega la verdad de la historia (si es que la hay).

Pero estos dos “canales” de narración no son el equivalente de las dos historias de las que hablaba Piglia. La otra historia está contada a base de silencios: del silencio de los personajes en la narración (ninguno habla, es decir: no hay ningún globo de texto) y del silencio de los personajes en la historia (los personajes callan por miedo, por piedad o por amor). Recordar aquí es una forma de examinar aquellos silencios de la infancia.

Hay, finalmente, varios elementos que toman la forma del secreto: la casa (una casa apartada, de la que los protagonistas no hablan a sus padres por miedo al castigo), el libro de Eleonora (al que ninguno de los otros puede acceder y cuya historia es sospechosa), el juego (que supone la visita en soledad a distintas habitaciones para encontrar algo pero es una forma de esconder otra cosa), el naranja (que es tan atractivo al ojo que hace desviar la mirada ocultando de la vista algo que ha podido pasar), y la memoria (que tiene en su funcionamiento la dinámica del secreto en la relación recuerdo-olvido: lo olvidado es eso que no se encuentra pero que igualmente se presiente en el texto pantanoso e irregular de la memoria).

En Nuevas tesis sobre el cuento, Pigia escribió que

Una historia se puede contar de manera distinta, pero siempre hay un doble movimiento, algo incomprensible que sucede y está oculto.

El sentido de un relato tiene la estructura del secreto, (remite al sentido etimológico de la palabra se-cernere, poner aparte) está escondido, separado del conjunto de la historia, reservado para el final y en otra parte. No es un enigma, es una figura que se oculta. (Piglia, Formas breves: 1999, 120-121)

De incomprensiones, separaciones, reservas y ocultamientos está hecha esta historieta. ¿Es válido pensar que hay un misterio de resolución posible cuando ni el narrador mismo ha podido dar sentido a los hechos? Ese es el secreto que intenté mantener y acaso acrecentar. La única forma de probar su existencia o no es leyendo la historieta, que por cierto vale la pena y mucho.

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Publicado el septiembre 9, 2010 en Lecturas, publicitarias. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Muy lindo. Paso a suscribirme. Saludos.

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  2. Very interesting!! ;) Después de Maus sigo con esa historieta jej

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  3. Muy interesante reseña, voy a conseguirla.

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  4. Grande bordón!

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