Narrar a costa de la vida (un montaje en torno a Maus)

“(…) se trata del parentesco de la escritura con la muerte. Este lazo trastoca un tema milenario; la narración o la epopeya de los griegos estaba destinada a perpetuar la inmortalidad del héroe, y si el héroe aceptaba morir joven, era para que su vida, de este modo consagrada y magnificada por la muerte, pasara a la inmortalidad; la narración árabe –pienso en Las mil y una noches— tenía también como motivación, por tema y pretexto, el no morir; se hablaba, se contaba hasta el amanecer para apartar la muerte, para rechazar ese plazo que debía cerrar la boca del narrador. El relato de Sherezade, es el reverso obstinado del asesinato, es el esfuerzo de todas las noches para llegar a mantener la muerte fuera del círculo de la existencia. Nuestra cultura ha metamorfoseado este tema de la narración o de la escritura hechas para conjurar la muerte; ahora la escritura está ligada al sacrificio, al sacrificio mismo de la vida; desaparición voluntaria que no tiene que ser representada en los libros, puesto que se cumple en la existencia misma del escritor. La obra que tenía el deber de traer la inmortalidad recibe ahora el derecho de matar, de ser asesina de su autor. Vean a Flaubert, a Proust, a Kafka. Pero hay algo más: esta relación de la escritura con la muerte se manifiesta también en la desaparición de los caracteres individuales del sujeto escritor; mediante todos los ardides que establece entre él y lo que escribe, el sujeto escritor desvía todos los signos de su individualidad particular; la marca del escritor ya no es más que la singularidad de su ausencia; tiene que representar el papel del muerto en el juego de la escritura” (M. Foucault, ¿Qué es un autor?, p 5.)

“El relato dentro del relato en el que Vladek cuenta los años previos a la guerra en Polonia, su éxito como hombre de negocios, sus affaires amorosos y su cortejo de Anja, luego su cautiverio en el campo de concentración, es interrumpido una y otra vez por el fade-in de la situación de entrevista: Art interrumpe a su padre con preguntas. Vladek se interrumpe a sí mismo para agregar datos que olvidó relatar o para pedirle a Art (naturalmente sin éxito alguno) que no incluya su affaire amoroso con Lucía, ya que nada tiene que ver con el Holocausto. En Maus I vemos a Vladek pataleando grotescamente en su bicicleta fija durante estas interrupciones. En Maus II Art está sentado de manera similar, pero frente al tablero de dibujo, y escucha la cinta grabada mientras trabaja en la segunda parte tras la muerte de su padre. La historieta refleja tanto el proceso de registro de la entrevista como el posterior proceso de dibujarla.” (A. Huyssen, El Holocausto como historieta: una lectura de “Maus” de Spiegelman en “En busca del futuro perdido”, p. 136)

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Publicado el septiembre 14, 2010 en Maus, Reflexiones que parecen importantes. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Me encanto!

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  2. uau. esa última lápida te hacer repensar todo lo demás. alto DJ, sos.

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