Apuntes para una breve (pre)historia de la historieta

Hace bastante tiempo que vengo coleccionando links internáuticos que hablan de las historietas anteriores a las historietas (éste de Entrecómics que habla de una previsible aparición de Merlin en la poesía medieval, éste de La Cárcel de Papel que consigna una supuesta primera historieta de zombies de la historia, éste de Fede Reggiani que reflexiona sobre dos temas que confluyeron en la historieta moderna, y éste otro de Fede también). En todos leo cierta reticencia, que yo mismo no me atrevo a esquivar: las páginas ilustradas de los libros medievales, si bien a primera vista parece que comparten algunas características con la historieta moderna, no son historietas. Una afirmación tajante. Pucha, ¿puedo arrepentirme ahora?

¿Cómo hacer para pensar el nacimiento de la historieta como un proceso? Esa es la idea que me está dando vueltas en la cabeza desde que me dijeron por primera vez, cuando cursaba Literatura Española Medieval y Renacentista, “éstas son las primeras historietas, chicos”. Hay que decirlo: son pero no son. Es que parece que con el advenimiento de la modernidad, unas cuantas prácticas modificaron su signo y su dinámica (la escritura es una, el arte de la yuxtaposición de imágenes quizás sea otra).

En los libros medievales, la ilustración estaba ahí para que los iletrados también pudieran leer: había una función evangelizadora/normalizadora que los medievales no desconocían y necesitaron de estas tretas para alcanzar también a aquellos que no entendían lo escrito. Por aquellos tiempos se tenía la confianza de que todo signo de un sistema tenía un equivalente en otro sistema, algo que se llamaba la semejanza:

El mundo se enrollaba sobre sí mismo: la tierra repetía el cielo, los rostros se reflejaban en las estrellas y la hierba ocultaba en sus tallos los secretos que servían al hombre. La pintura imitaba el espacio. Y la representación -ya fuera fiesta o saber- se daba como repetición: teatro de la vida o espejo del mundo, he ahí el título de cualquier lenguaje, su manera de anunciarse y de formular su derecho a hablar.

(Foucault, Michel: Las palabras y las cosas, 2002 [1966], p.26)

Si no había diferencia, si no había jerarquía, los sistemas de signos no se mezclaban ni se tensionaban: se repetían sin más, y un signo de un sistema podía coexistir sin problemas en una cadena de signos de otro sistema porque de alguna manera pertenecía a aquel indirectamente. La relación que establecían la ilustración y la palabra en un libro medieval era de glosa o comentario. Pero la jerarquía no estaba en los sistemas de signos, sino en sus usuarios: la imágen es para los iletrados, la palabra sigue poseyendo ese matiz esotérico que hace que se requiera una iniciación para penetrar en su misterio.

El inicio de la modernidad y la expansión de la alfabetización modificó esta jerarquía. Parece ser (acá flaqueo) que a alguien (no sé bien si fue Schiller) se le ocurrió que la imágen era más importante que la palabra y enunció la máxima “ut pictura poesis“: así como la pintura, debe ser la poesía. Pintar con palabras. En este momento de la historia la jerarquía superior de la palabra por sobre la imágen se invertiría (mi uso del potencial no es casualidad: no puedo probar lo que digo, sólo necesito decirlo a los fines de proseguir con mi argumentación).

Bueno, tiro mi hipótesis así, al vuelo, violentamente. Este cambio de estatuto de la imágen, sumado a la explosión de los medios masivos de comunicación (estrictamente hablando: la prensa gráfica) supone una modificación más profunda en este arte de articular o yuxtaponer imágenes: desde este momento, el valor de la imágen (y el de la narratividad resultante de su yuxtaposición) cambia de tal modo que de esa actividad casi parásita de la litratura (la ilustración de libros, tarea que se sigue realizando aún hoy) comienza a despegarse hasta lograr una consolidación (o quizás autonomización) relativa. Supongo que habría que investigar las tiradas de diarios previas a Töpffer y a Oultcault para poder dar cuenta de este proceso de “independización”, porque si de algo tendríamos que estar seguros es que estos señores no inventaron la historieta de la nada. Y lo demás, es más o menos conocido.

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Publicado el diciembre 23, 2010 en Reflexiones que parecen importantes. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Yo le agregaría pensar la técnica. La posibilidad de reproducir imágenes de un modo barato permite el desperdicio de repetir imágenes que se parecen mucho entre sí, viñeta tras viñeta… Es un tema que me encanta (las historietas de antes que hubiera historieta, digo), pero ahora hace mucho calor y tengo sueño, no puedo seguirla.

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