Leyendo sobre lecturas (una erótica de la crítica)

“¿Cómo obtener placer en un placer relatado (aburrimiento de los relatos de sueños, de los relatos parcelados)? ¿Cómo leer crítica? Una sola posibilidad: puesto que en este caso soy un lector en segundo grado es necesario desplazar mi posición: en lugar de aceptar ser el confidente de ese placer crítico -medio seguro para no lograrlo- puedo, por el contrario, volverme su “voyeur”, observo clandestinamente el placer del otro, entro en la perversión; ante mis ojos el comentario se vuelve entonces un texto, una ficción, una envoltura fisurada. Perversidad del escritor (su placer de escribir no tiene función); doble y triple perversidad del crítico y de su lector y así al infinito.

“Un texto sobre el placer sólo puede ser corto (así como se dice: ¿eso es todo? es un poco corto) porque el placer únicamente se deja decir en forma indirecta a través de una reivindicación (yo tengo derecho al placer), y por lo tanto no se puede salir de una dialéctica breve, en dos tiempos: el tiempo de la doxa, de la opinión, y el de la paradoxa, de la impugnación. Falta un tercer término distinto del placer y de su censura: ese término está postergado para más tarde, y en tanto se sujete al nombre mismo del “placer”, todo texto sobre el placer será siempre dilatorio: será siempre una introducción a aquello que no se escribirá jamás. En forma similar a esas producciones del arte contemporáneo que agotan su necesidad inmediatamente después de ser vistas (puesto que verlas es comprender inmediatamente la finalidad destructiva con la que están expuestas: no hay en ellas ninguna duración contemplativa o deleitable), esta introducción sólo podría repetirse sin introducir nunca a nada.”

(Barthes, Roland: El placer del texto, 2003, Buenos Aires, Siglo XXI, pp. 30-31)

[De nuevo me confino al “entre corchetes”. Siempre se vuelve, volvemos, sobre el tema de hacer y leer crítica. De este texto me gusta la idea de que hacer crítica es escribir el propio placer de la lectura: puede ser una tarea con más o menos pretensión científica, pero siempre hay placer atravesándola. Y también me gusta la idea de que puedo leer crítica igual que leo literatura o historietas: por un lado la crítica también es una ficción, por otro Barthes reivindica el principio del placer como rector de la lectura. Por último, encuentro un argumento que me resulta conveniente (el texto que escribe el crítico siempre es corto), y una idea interesante: hay textos que se agotan en una sola lectura, la primera; no nos siguen llamando, no nos dan la sensación de ser una introducción a algo que no se nos revela nunca. Para terminar, dos ideas más sobre la crítica. La primera: escribir el propio placer, domarlo, sujetarlo a palabras, es una tarea complicadísima, y más cuando el objeto es la historieta, cuya materia tiene matices que no se dejan atrapar (ya lo dije alguna vez: ¿cómo escribir un estilo pictórico?). La segunda: para seguir con la idea del placer, me gusta pensar la crítica como un enjendramiento (le sigo robando a Roland): que produzca algo, cualquier cosa, pero que no sea un duscurso anti-pático (que no mueva un pelo).]

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Publicado el marzo 22, 2011 en afanes. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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