La verdad y las formas narrativas (sobre “Cosecha Verde” de Trillo y Mandrafina)

Okey, si alguien leyó este otro artículo que escribí hace un tiempo, se dará cuenta de que estoy con un temita con el asunto de la “verdad”. Y quería arrancar mi comentario de esta historieta tan buena con esta especie de axioma (cito a una señora llamada Lee Patterson):

La verdad se produce, no se descubre, y no es una propiedad del mundo sino de los enunciados. Para expresarlo de otra manera, los enunciados no hacen referencia a hechos sino que los constituyen: lo que se valora como un hecho no está determinado por su existencia en el mundo sino por las prácticas discursivas que posibilitan que algo en el mundo funcione como hecho en cierto discurso.

Y a partir de esto podemos pensar cómo los rasgos que determinan las circunstancias en “Cosecha verde” son en mayor o en menor medida verdades producidas desde el discurso: de hecho es un escritor (de culebrones), Melitón Bates, quien tiene la función de generar verdades para la dictadura de La Colonia.

Tenemos, entonces, una dictadura y un productor de verdades profesional en un policial, género que tematiza la visibilidad de la verdad (“el policial es un relato sobre el Crimen y la Verdad” dice Daniel Link). Tenemos un ex policía en desgracia (lugar común de un policial negro) que se topa con una grieta en esa trama de discursos que constituye la “verdad” de La Colonia cuando se encuentra con Malinche Centurión, alias “la Virgen Intocada” (que tiene menos de virgen que Zulma Lobato de vedette). Tenemos unas fotos que construyen otro relato para disputar el estatuto de verdad de la virginidad de Malinche (virginidad sobre la cuál se fundamenta casi por completo la estabilidad sociopolítica de La Colonia).

Hasta ahí, una serie de disparadores que se yuxtaponen. Pero también se yuxtaponen (literalmente) dos relatos paralelos: al “flujo narrativo A” (llamemos así a la cadena de acciones que se inicia con la llegada de Malinche al bar donde está Donaldo) se le interponen diversas interrupciones chismosas (el mismo Melitón, Trópico y Mamá Berembá intercalan sus comentarios como susurros al oído del lector, en secuencias marcadas intencionalmente para que se note una diferencia con el flujo narrativo A) transformando la “verdad” de una parte de la narración a partir de agregar otros datos. Visto a gran escala, este procedimiento de transformar una “verdad” a partir del agregado de otra información es con lo que se encuentra Donaldo, quien termina entendiendo la “verdad” de La Colonia a partir de informaciones con las que se encuentra por accidente.

¿Y qué pasa con todos estos juegos con la verdad? Con tanta verdad contrapuesta dando vueltas, alguna tiene que entrar en crisis: la verdad que sostiene a la Colonia se desarticula y el Estado cae. Quizás habría que profundizar un poco más sobre este costado de la historieta, porque es innegable que intenta ser una alegoría de nuestra historia política. Podríamos decir: los gobiernos de facto, basados en mentiras, cayeron por el peso de las mismas (entonces ¿la verdad siempre se termina haciendo evidente?). Sin embargo, ¿de qué manera es posible escapar al hecho de que todo discurso transforma nuestra percepción de la realidad? (Y con esto quiero decir ¿qué gobierno, entendido -no sin cierto reduccionismo- como una serie de discursos dominante, no miente?).

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Publicado el abril 6, 2011 en Mandrafina, Trillo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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