La fijeza (una aproximación oblicua a “La metamorfosis” de Peter Kuper)

Yo pensaba que entre las viñetas, en ese espacio que no siempre es blanco, había una elipsis, un ocultarse de la cadena de acciones por una interrupción. Tomé la leche, salí de casa: la elipsis está en el medio, en eso que no dije (gráficamente, la elípsis es la coma). Qué tarea fatigosa la del lector: reconstruir en su cabeza, imaginarse, todo lo que no está cuando incluso puede sencillamente no haber nada (es decir: hay la apariencia de algo-más). Probablemente esto sea porque tenemos la ilusión de pensar las narraciones del mismo modo que el mundo se nos presenta: como un fluir, una continuidad indivisible.

Malas noticias (y más para la historieta), lo único que hacemos al narrar es producir detenciones: el relato avanza por ilusión o por analogía con el discurrir de un lenguaje (acá habría que interrogar también que es el “avanzar” de un relato). El cine nos hace creer el movimiento porque olvidamos que lo que ocurre son 24 fotogramas sucediéndose consecuivamente en un segundo (esas cámaras que captan más de 24 cuadros por segundo son la prueba de que la cinemática tradicional no es la única posible). El teatro, quizás el simulacro más hábil, nos pone frente a una construcción que percibimos exactamente igual a como percibimos el mundo (sus signos tienen el mismo espesor que el mundo, podríamos decir). La historieta expone en una página estas detenciones radicalmente: cada viñeta es un “alto”, el corte está en ese entre-viñetas que articula dos puntos muertos, cada corte quiere hacernos creer que había un movimiento y ahora está velado en lo profundo. Malas noticias otra vez: ese espacio en blanco es como un pliegue que supuestamente oculta algo pero, desplegado, no revela nada más que superficie.

Hay una doble página de “La Metamorfosis” de Peter Kuper que, por buscar una secuenciación “más fluida” (con menos carga de elipsis podríamos haber dicho) nos detiene constantemente. En esa secuencia el secretario del jefe de Gregor huye después de haberlo encontrado transformado y al mismo tiempo su madre, que entra en pánico, tira una jarra de café sin querer. La página construye dos vectores de lectura distintos (la secuencia del hombre huyendo, la secuencia de la madre tirando la jarra: ambas pueden leerse en simultaneidad). Cada viñeta nos hace frenar la lectura, detenernos aún cuando podamos ver claramente que la anterior es causa de la siguiente. Incluso en esa zona de la página en la que la madre tira la jarra, en la que la proximidad de la jarra empujada y la jarra caida es tal que podría hacernos creer el movimiento, ahí es donde se hace visible el corte (el límite físico de la viñeta).

Incluso podríamos pensar este asunto de las detenciones al interior de las viñetas: cómo un texto, un objeto, una línea, un detalle, suspende la mirada del lector.

Y podríamos decir, así, rudimentariamente, que el ritmo narrativo no está en el avance de la secuencia sino en la distribución de las detenciones.

Superficies estáticas, entonces. Esa parece ser la clave.

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Publicado el mayo 18, 2011 en Reflexiones que parecen importantes. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. Hay un chiste de Mordillo, que leí hace años en La Nación, de tres cuadritos: en el primero, un hombre se acerca caminando a un precipicio; en el segundo, pone un pie en el vacío; en el tercero, está al otro lado. Esa es, me parece, la respuesta a “qué hay (o no hay) entre las viñetas”. Excelente texto. Abrazo, Colo

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  2. “Gran parte del mejor arte ha hecho eso, dividiendo y subdividiendo el simple momento humano, convirtiéndolo en un calidoscopio de complejidad.” Eddie Campbell

    “Lo que tenemos también de privilegiado en nuestro
    trabajo es que nuestro trabajo es inmóvil. Sin
    maltratar al dibujo animado, que es lindo también;
    pero lo que hay en el dibujo es que el dibujo retiene
    para siempre un fragmento de una realidad en
    desarrollo. Y se queda ahí, quieto y silencioso.
    ¡Habría que darle una media medalla!” José Muñoz.

    Creo que a veces, la historieta se parece más a la música. La corchea es algo quieto, no dice nada en sí. Pero en conjunto, construye un lenguaje que transmite antes que significa. La historieta construye su relato creando una cadencia particular, que puede ser más o menos exitosa a fin de la narración que pretende construir. Transmite Y significa.

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  1. Pingback: “La metamorfosis” de Kafka, en historieta « Asociaciones lícitas

  2. Pingback: Discussing Kuper’s The Metamorphosis « As You May Or May Not Know

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