Haciendo memoria (2: “Lo que no vuelve” – acerca de “Ruta 22” de Von Sprecher y Vollenweider)

Hay procesos tan nuestros, tan íntimos que no los pensamos; como los actos reflejos o la respiración. “Ruta 22” es una exploración, un hacer conciente el proceso mismo de recordar.

Recordor, recordari en latín (me ayudo con el diccionario). En la etimología del verbo hay una idea de volver a traer (“re-“) algo a la mente y/o al corazón (“-cor-“). Lo emotivo y lo racional conviviendo en el tiempo de un regreso. Tiempo en estado puro.

La pregunta acá no va a ser “¿qué se recuerda?”, porque la respuesta se agota en el resumen del argumento, algo a lo que no me quiero dedicar porque ya lo han hecho otros (acá y acá también, y acá no tanto pero vale leerla igual). Prefiero ver cómo se recuerda, o cómo plantea esta historieta la forma misma del recordar.

Aquí me tienen con la voz a medio extinguir y lleno de recuerdos. Han de regirse por alguna ley; eso es seguro. Pero para encontrarla es necesario vaciarse de ellos, darse vuelta, como un guante. La cronología, en todo caso, es sabido, no les incumbe. (Saer, Juan José: Recuerdos)

Así escribió Saer hace ya tiempo. Y en esas dos primeras frases condensa toda una concepción del recuerdo: el recuerdo es sin cronología, el recuerdo tiene una ley que escapa a nuestra comprensión. Hay algo similar en “Ruta 22”. Digo similar porque a primera vista uno encuentra fechas dando vueltas por acá y por allá, fechas (y lugares) que ubican al lector en las tres zonas temporales en las que la narración deriva: la niñez de Marcos a fines de los ’50, su adolescencia tardía a fines de los ’70 (cordobazo incluído) y el ahora de Marcos en 2008. Organizado así parecería muy lineal; creo que hay una discusión de la linealidad, o por lo menos de la narración lineal del recuerdo y de la relación lineal de un recuerdo con otro. Los recuerdos se interponen, lo que solemos llamar una “secuencia” es interrumpido por la aparición de viñetas sin relación de continuidad narrativa, pero con otra relación, quizás más íntima en el plano del recuerdo: a veces es un motivo o la organización de los componentes dentro de las viñetas, a veces es algo que se dice, una palabra o dos.

Una impresión: creo que este trabajo de interposiciones, de recuerdos entrometidos, es mucho más fluido de la mitad del libro para adelante. Quiero decir, las fechas empiezan a escasear en ese punto (aunque uno podría pensar que es por una cuestión de economía: cuando el lector ya se ubicó, las referencias sobran), pero además se cuelan más cantidad de recuerdos (de viñetas), se “desordenan” más las secuencias al confluir viñetas de esos tres tiempos en algunas páginas. Esto no quiere decir que la historieta pierda legibilidad, sino que gana en emotividad: cuando la cosa se pone caliente, la narración pierde “control”.

Otra impresión: me gusta jugar a darles sentido a algunas cosas. Mirando las páginas de “Ruta 22”, encuentro los bocetos en el fondo del dibujo, como fantasmas de lapiz en un mundo de tintas. Como recuerdos de lo que la página fue o pudo haber sido. No me importa si fue una decisión conciente o no: produjo ese efecto en mi experiencia de lectura.

Después de leer “Ruta 22” podríamos pensar al recuerdo como un fantasma: algo que nos acosa, que no es como nosotros, que es a la vez familiar y extraño. Marcos, el viajero de la (su) memoria, no va en busca del tiempo perdido, ni al final encuentra a su tiempo recobrado, creo. Pero es (o se hace) conciente: entiende que una experiencia de su presente lo empuja a explorar en la memoria de su pasado, en esa zona opaca de su conciencia a donde va a parar todo lo que no deja de no irse, o de no volver.

PD. Una última alegría: al leer “Ruta 22” me encontré con ciertas expresiones como “me han dicho”, “me van a hacer cagar” o “qué parece”, que me hicieron recordar a cuando anduve por Córdoba. Mi alegría, además de memorística, es lingüística: es por recordar que el español que se escribe en historietas no es (no tiene por qué ser) exclusivamente el del Gran Buenos Aires. Por eso y otras cosas más, vale la pena leer “Ruta 22”.

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Publicado el junio 4, 2011 en haciendo memoria. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Bueno… que linda crítica, así da gusto hacer historietas. No voy a ponerme a hacer un artículo sobre tu crítica, apenas algunas impresiones sueltas.

    Evidentemente tocaste cuestiones claves en la historieta que no estaban tan presentes en otros comentarios, desde la centralidad de los recuerdos hasta esa dimensión que le agrega el dibujo de Nacha “entre el boceto y el terminado”.

    Y por ahí andaba Saer, además de Proust, aunque yo no me diera cuenta por que es alguién a quien he leído mucho con mucho placer…

    “anoto… mientras voy leyendo… las notaciones de lugares y fechas fue una concesión al lector… efectivamente, como decís, de la mitad del libro para adelante ya no hacen falta (el último guión que hice omite esas notaciones pero trabaja con un arco temporal más corto)…” (del comentario en facebook). Es una fantasía, pero si alguna vez lo reeditaran, estaría bueno sacar esas notaciones temporo espaciales.

    Nunca se me había ocurrido que expresiones, como las que marcas: “me han dicho”, “me van a hacer cagar” o “qué parece”, fueran propias de Córdoba, de tan naturalizadas seguramente. Y entonces que buena esa observación casi al final: “recordar que el español que se escribe en historietas no es (no tiene por qué ser) exclusivamente el del Gran Buenos Aires.” Generalmente, también naturalizado, no nos damos cuenta.

    Gracias Bruno, fue un place leerte.

    Roberto

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    • Un sólo comentario quiero agregar. Esas expresiones no son propias de Córdoba. O por lo menos no exclusivamente. La primera me llamó la atención porque mi gente y yo solemos olvidar casi por completo el pretérito perfecto compuesto, que me parece que yendo para el norte es más usado. El “me van a hacer cagar” y el “qué parece” tengo presente haberlos escuchado en La Rioja, pero la locación de mi recuerdo de esas frases no evita que al leerlas me hagan acordar a Córdoba, culiáu. XD
      Fue un placer leer “Ruta 22”, es un placer leer esa historieta. Es lo único que cuenta acá.

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