Sangrar historia (las vueltas de “Maus”)

Hay un par de páginas de Maus que me vuelven insistentemente a la cabeza. En ellas, Vladek sigue con su trabajosa narración y le cuenta a Art que Ilzecki, un amigo suyo, después de haberlo salvado le dijo que un polaco que conocía le había propuesto hacerse cargo de su hijo y que quizá podría hacerse cargo de Richeu. Cuando Vladek le propuso eso a Anja, ella se negó rotundamente. Es entonces cuando la secuencia nos devuelve al momento de enunciación de la historia, a Vladek que, pedaleando en la bicicleta, se lanza en una prolepsis furiosa:

Y entonces, cuando se dispone a continuar el relato desde donde lo dejó (es decir: desde el punto en el que dejó de pedalear, cuando el fluir acelerado de la prolepsis se aquietó), Art lo corta:

Éste es un momento de zozobra absoluto tanto del relato como de la historieta. Y lo que pasa es que esa deriva proléptica que arrebata a Vladek expone claramente los límites del relato autobiográfico como “relato verídico”. ¿Cuál es la verdad a relatar? ¿Cómo relatarla de forma verdadera? Es decir: ¿cómo contar una verdad verdaderamente?

Por eso es que es interesante el título de este primer volumen de Maus (que el título de esta entrada parafrasea): “My father bleeds history” (Mi padre sangra historia) es una frase que, además de dar cuenta de que hay una historia inscripta (violentamente) en el cuerpo del padre que pugna por escapar y hacerse visible, supone, cuando menos, una contradicción interna. Porque al sucederse cronológico (es decir, ordenado) de hitos verificables que supone un relato histórico (el relato de la Historia, así con mayúsculas) se opone el irrumpir caótico, anárquico e irregular del sangrado.

Lo que se nos da a leer en este momento de la historieta es la pugna entre dos modalidades o modelos de relato pero también de dos percepciones distintas del tiempo. En Vladek, su historia sigue la lógica del inconsciente y por lo tanto está compuesta por una serie de sucesos que nunca dejan de estar ocurriendo (el inconsciente no tiene tiempo y lo que se aloja en él nunca se destruye y persiste en estar a punto de retornar). Al no haberles aplicado ningún tipo de jerarquía (“este antes que este otro, este es causa de este otro”) todos los sucesos se le aborbotonan en la voz y se manifiestan en el relato con la forma del anacronismo.

En Art, la historia necesita de la cronología, necesita de una ordenación que es impuesta violentamente (a través de una interrupción), necesita de la causalidad y de la secuencialidad para que él pueda “ponerla en orden”. Un detalle curioso: en el original en inglés Art le dice a Vladek que si no sigue la cronología de la historia él no podrá “get it straight”. La edición española elige traducir “no lograré ponerla en orden” y Cesar Aira, para la edición argentina, traduce “nunca entenderé la historia”. Esta discrepancia es interesante, sobre todo porque en inglés “straight” significa “derecho”, “recto” (siendo lo recto una especie de metáfora de lo correctamente dispuesto) y el casi vacío semántico del verbo “get” permite interpretar tanto “poner en orden” como “entender” (que acaso sean la misma cosa).

Entonces parece que hay una discrepancia insalvable entre la verdad de la experiencia (el registro que un sujeto hace de su vivencia) y la forma que adquiere esa experiencia cuando es narrada. Porque aparentemente el asunto de una narración no es solamente aquello que contamos sino cómo lo contamos, en qué disposición y mediante qué objetos (palabras, dibujos, etc). Y entonces nos vemos obligados a replantear la pregunta: ya no será ¿cómo contar una verdad verdaderamente? sino ¿cuál es la verdad que cuenta el relato una vez que toma forma (es decir: cuando se hace relato)?

Este momento de peligro en Maus, me parece, ilustra dos opciones posibles: por un lado, ceñirse a la verdad de lo inteligible en las formas clásicas de narración; por otro, la verdad de la experiencia tal como queda registrada en la memoria (con sus relaciones particulares,  no conscientes y hasta ilógicas que hacen que ese registro sea más parecido a una memoria a corto plazo). Está claro que para privilegiar la seguridad narrativa, para salvar a su historieta del peligro al que la expone su padre, Art (personaje y dibujante) tiene que optar por la primera. Pero ese peligro persiste obstinadamente ahí.

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Publicado el septiembre 30, 2011 en Maus. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. me interesa cómo art elige pedirle al padre que narre en orden cronológico, en vez de ocuparse él de “darle montaje” al desgrabar. está encontrando el balance entre las dos opciones que decís: mantener la seguridad narrativa y registrar fielmente el recuerdo y relato de su padre.

    ¿será una técnica común entre los cronistas?

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    • Andá a saber…
      Yo creo que lo único que tengo claro es que el que toma las decisiones finales en cuanto a la forma que toma el relato es Art (es más o menos como esa eterna tensión entre lo que quiere el guionista y lo que hace el dibujante en una historieta).

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      • ja, vladek guionista. creo que es en el cine donde encontrás esa tensión con toda su fuerza, un director casi tiene la autoridad de quemar el guión y filmar cualquier cosa si quiere.
        estaría bueno averiguar si alguna vez art hizo cortes que no nos dijo… acá se muestra preocupado por mantener al papá en el lugar de narrador.

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      • Pero no te podés olvidar que eso es como una especie de operación desde la historieta para crear un efecto de transparencia. A la larga, las decisiones siempre las termina tomando Art, que es el que elige y decide qué contar y cómo contar. El riesgo que a mí me parece que queda latente es ese momento a partir del que la historieta podría tener otra lógica distinta a la lógica de la narración secuencial/causal/temporal.

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      • a ver, explicame mejor lo del riesgo latente… ¿riesgo de que la narración salte de acá para allá, al estilo “lost” o “memento”?

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      • Más o menos. Es el riesgo de que la narración deje de ser narración (una vez de lado la lógica causal, ya no sería una narración). El peligro aparece en la forma de la narración, pero significa también para el contenido, para las relaciones entre los hechos. La narración jerarquiza y tiende a ceñirse a una (con)secuencialidad. Lo que está a punto de hacer Vladek antes de que Art lo pare es otra cosa: el peligro es más o menos eso, esa otra cosa.

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