Ludmer y la crítica (o “¿Para qué sirve todo esto?”)

La 
crítica
 puede 
servir 
para 
una 
cantidad 
de 
cosas. 
Como 
la 
literatura,
 puede 
servir 
para todo.
 Para 
reflexionar 
sobre 
los 
sentidos 
del 
lenguaje,
 sobre 
la 
cultura,
 sobre 
los 
usos 
del
 lenguaje 
y 
la 
literatura.
 Puede
 enseñar 
a 
leer, 
también, 
de 
otro 
modo. 
La 
crítica… 
¿qué 
sé yo? 
Es 
como 
preguntar 
para 
qué 
sirve 
la 
filosofía, 
o 
la 
matemática. 
Porque 
es 
un
 elemento
 central 
de 
la 
cultura. 
La
 crítica
 es 
literatura 
más 
saber. 
Por 
un 
lado tiene 
que 
traer 
un 
saber ‐filosófico, 
lingüístico, 
antropológico,
 psicoanalítico‐; 
pero 
por 
otro 
lado 
la 
crítica 
es también 
literatura, 
porque 
es 
también
 escritura. 
Hay un 
abismo 
brutal 
en 
el 
paso 
del análisis 
a 
la 
escritura. 
Y 
ahí, 
ya 
estamos
 en 
la 
literatura.
 Yo 
no 
puedo
  tolerar 
una 
crítica
 mal escrita, 
una 
crítica “redactada”. 
¡Uf! 
No 
puedo. 
Eso, 
repito, 
no 
es 
absolutamente 
nada. (Fuente)

Es medio paradójico hablar de algo que en este blog se está haciendo cada vez menos (mea culpa: estoy con poco tiempo y pocas ideas). Sin embargo, la pregunta sobre la necesidad o la utilidad de la crítica siempre vuelve. ¿Para qué la crítica? ¿Para qué criticar? ¿Para que escribir la crítica? ¿Para qué escribir crítica de historietas?

[La entrada es, a la vez, una especie de homenaje a una persona de la que en algún momento he aprendido algo y hoy ya no está entre nosotros (nos enteramos hace poco, ella se fue hace más o menos un año).]

Ludmer, lógicamente, habla de la crítica literaria. Hacer crítica literaria (hacer lo que algunos llaman, con tono solemne, la “ciencia de la literatura”) tiene el problema de que el lenguaje de la crítica y el de su objeto son el mismo. Por eso, la conciencia inicial de Ludmer de que hacer crítica literaria no es una actividad demasiado diferente a hacer literatura es bien interesante. Diferencia con las historietas: su lenguaje materialmente híbrido no es el mismo que el de la crítica. Sin embargo, los que hacemos crítica no tendríamos que olvidarnos de que no hacemos otra cosa que usar un lenguaje, construir un estilo, elaborar estrategias para que ese lenguaje resistente hecho de palabras y dibujos se deje decir por el lenguaje de la crítica. Quizás también estemos cerca de la literatura, pero por otras razones.

Por otra parte, es interesante esa relación con el saber de la que habla Ludmer: “la crítica es literatura más saber”. El plus que puede aportar la crítica viene de la mano con proponer una serie de relaciones heterogéneas y exteriores al objeto de crítica.

Yo veo dos desafíos en la escritura de crítica: por un lado, ese experimento incesante de escritura en el que se busca decir hasta lo imposible; y por el otro esa necesidad de la aportación de conocimiento, que no es lo mismo que aportar datos: mostrar una forma de leer, de relacionar, de describir y de hacerse cargo de un goce que atraviesa toda esa escritura (un goce doble: el goce del lenguaje, pero también el goce del objeto).

Espero poder volver a encontrar el tiempo para escribir. Por ahora, siguen las preguntas y las únicas respuestas que encontramos son nuevas preguntas. Eso, me parece, es algo parecido a la salud.

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Publicado el abril 16, 2012 en afanes, Reflexiones que parecen importantes. Añade a favoritos el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. esa Ludmer es una borracha!
    por otro lado, no creo que la crítica sea literatura más un plus, o literatura más saber como si la literatura no fuera un saber o como si la “ciencia” (de la literatura, en este caso) fuera algo mejorcito, como un hermano mayor que uno tiene que tener como ejemplo, etc. Además, es una generalización. Muchas veces la crítica resta más que sumar, cuando uno va a los textos (de crítica literaria, en este caso), muchas veces más que un plus, suelen resultar un minus. A mí me gusta más la crítica que la literatura, debo confesar, pero la crítica que leo por lo general nunca me gusta. Paradoxas de la vida. Ah! Yo no me hago preguntas, yo asevero tajantemente y capaz que mañana opino exactamente lo contrario: eso vale como pregunta también?
    lo bueno es que me hizo pensar todo esto y enojarme, con ludmer primero, conmigo mismo, después

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    • Punto para usté: la oposición entre “literatura” y “saber” (acá también tendríamos que oponer, como por ósmosis, “historieta” y “saber”, o también “arte” y “saber”) hace que parezca que la “literatura” (o la “historieta”, o el “arte”) no supieran nada. Digamos que hay otro saber ahí, que entra en conexión, que el crítico hace entrar en conexión. Probablemente tengamos que hablar del crítico como un lector que escribe su lectura, como para que no parezca tan diferente de otros lectores más que en el hecho de escribir.
      Es cierto que hay mucha crítica que es málísima, y eso probablemente tenga que ver con que la crítica académica (que es la que leemos en su mayoría) está muy anquilosada y se deja llevar por muchas modas en general inconducentes (y también porque la escriben una sarta de pelotudos que se la dan de importantes; pero la crítica en general juega a ser importante).
      No sé. Tampoco sé si tiene o puede tener esa dimensión pedagógica de enseñar a leer. Yo pienso que sólo muestra los resortes de una forma de leer que entra en tensión con la forma de leer de los lectores de crítica. No sé si hay mucho más. No sé si la crítica tiene una verdad para decir. Por ahí lo único plus sea aportar metodologías de lectura, relaciones nuevas, otras conexiones, no mucho más…

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  2. Supongo que el gran problema de mucha crítica es que está escrita como el culo. Lo mismo vale para mucha literatura. La pregunta es: ¿porqué dedicarse a hacer algo, dedicarle tiempo -ese recurso no renovable- y después ponerle tan poco entusiasmo? Como dijo Fogwill alguna vez: ¡conseguite un corretaje de Pampers!

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    • Ah, sí. Cuando hacer crítica pasa, como dice Ludmer, por “redactar”, cuando esa escritura es fría, es un bajón. Alguna vez leí que Barthes dijo que el lector de crítica es como un voyeur, que está mirando (y gozando) con el goce de otro (Barthes supone que el crítico escribe desde su goce, claro). Pero si vamos a ser voyeuristas, mejor que lo que esté ahí adelante sea bueno.

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      • ¿No se referirá, más bien, a que el lector de críticas goza con el goce del lector de la literatura a la que se alude? Le encuentro más sentido…

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      • Claro, Tota. El crítico es una figura doble: es lector y escritor. Y lo que Barthes propone es que hay un placer/goce que se deja ver/leer en esa escritura crítica (que surge de la lectura, una actividad que para él es fuente de placer y de goce alternativamente).

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