Antes de Watchmen (comienzos y principios)

Arranca (o arrancó, no lo sé y poco me importa) “Before Watchmen”, esa estrategia casi diría artera de la DC para exprimir, agotar, saturar todo lo que en Watchmen estaba impreciso en cuanto a su pasado y, al mismo tiempo, para vaciar los bolsillos de sus clientes, ávidos de ver algo nuevo de Rorschach, Nite Owl y los demás (de las dos partes de la estrategia, la segunda es la menos reprobable, claro, porque la naturaleza empresarial de la DC nos advierte ya de entrada que todo lo que haga tenderá a ese objetivo clarísimo: hacer dinero).

Pero no pensemos (por ahora, al menos) en lo que hay antes de Watchmen. Al contrario: volvamos a Watchmen. Todos recordamos su comienzo espectacular: esa especie de zoom out que, por estar hecho de viñetas, parece que el sentido de una siempre se posterga hacia la que sigue (no sé que la mancha de sangre está en el pin, que está en la calle, que está debajo del edificio hasta que no recorrí las nueve viñetas de la página). Sin embargo ese no parece ser el “principio” de Watchmen, porque en la página siguiente ya empieza una secuencia que nos muestra cosas que pasaron antes.

Y por otra parte, ahí está la portada, también, para decirnos: “ojo, la primera página no empieza en la primera página”.

Entrar a la acción in medias res, con la cosa por la mitad. Esto, que los productores de Lost también entendieron a la perfección, es lo que inmediatamente nos tiene que llamar la atención sobre el relato en tanto que relato: juego de artificios de esa actividad tan polimórfica que llamamos narración (“polimórfica”, digo, porque aparentemente podemos narrar con palabras, con imágenes planas estáticas, con imágenes planas en movimiento o con cuerpos en movimiento).

Pero la imprecisión acerca de su comienzo (el sentido desbordado de la primera página, el plot que Veidt retoma de Alejandro, quien lo había retomado de Ramsés y así sucesivamente) es simétrica con la imprecisión de su futuro: ¿qué pasa después de la ida de Manhattan (dónde y qué tipo de vida crea, seremos nosotros sus criaturas)? ¿qué pasa con el diario de Rorschach y qué pasa con aquellos que terminan transcurriendo sus días en ese nuevo mundo de paz post-apocalíptica (es decir: qué relato terminará por imponerse como verdadero, el del nuevo mundo de amor o el de la conspiración de dudosa moral)? Pero también podemos hacer preguntas acerca de imprecisiones del relato en tanto que relato: ¿qué significan esos motivos repetidos, esas figuras que reaparecen una y otra vez atravesando las viñetas? ¿qué significación tiene una recurrencia, cualquier recurrencia, a lo largo de Watchmen?

Aparentemente, la historia de Watchmen desborda la historieta Watchmen (el relato en tanto que relato), así como la historieta Watchmen desborda a la historieta como medio (¿qué son, si no, esos apéndices en prosa al final de cada número?). Quizás, el único principio que ordena todo sería la yuxtaposición o, para decirlo más elegante y precisamente, el montaje: poner una cosa al lado de otra para que aquello que significaban por separado cambie (la portada de Watchmen cambia su significado al ser leída en yuxtaposición con la primera página; cada capítulo de Watchmen significa otra cosa al ser leído en yuxtaposición con el apéndice en prosa que trae; Watchmen significa otra cosa al ser leída en yuxtaposición con otras historietas de superhéroes de su época, y así).

¿Qué significará, ahora, Watchmen leída en yuxtaposición con lo que está antes de Watchmen (Before Watchmen)? Acá me dejo dominar por la lógica del capricho: no lo sé, y poco me importa.

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Publicado el agosto 22, 2012 en Alan Moore, Reflexiones que parecen importantes. Añade a favoritos el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Pocas veces en mi vida leí una crítica tan acertada y fundada como esta.

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  2. Excelente, mi estimado Bruno. Creo que Watchmen es, a esta altura, una de las cosas que menos le interesan a Moore. La evolución en su trabajo – también errático a veces, gajes del oficio – tiene puntos en los que uno puede detectar esa radicalización de la hibridación que es la historieta. Y creo que trabajos como From Hell, que implican una nueva forma de lectura para una nueva forma de contar; o Promethea siguen el camino que siguió A. Breccia cuando hizo su Mitos de Cthulhu bajo el principio que la historieta no era suficiente. Creo que se trata de mantener a la historieta como matriz híbrida para transformarla en otra cosa, o mejor dicho, para trasladar el relato hacia otras fronteras. Eso no implica renunciar a hacer historieta, que es lo que elige DC cuando congela todo en la dimensión mercantil y arcaica del comic como adjunto parasitario del cine. DC es una subsidiaria de los estudios Time-Warner, y su lógica no va – ni puede ir – más allá de eso.

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    • Claro. Es que Alan o el Viejo fueron tipos que trabajaron sabiendo que llegar a una zona de comodidad (“la historieta es suficiente para contar lo que yo quiero”) era contraproducente para ellos. Como la insuficiencia fue su motor, eso lleva a que los límites no sean más que umbrales.

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  3. ¡Excelente, viejo! La imagen que me viene es la de un pedacito de pan rompiendo con la perfecta estructura simétrica y consistente de la yema de un huevo frito… para no ser comido ese pan remojado, sino embalado, etiquetado y revendido. Y la yema… la yema se desparrama.

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