Un comentario acerca de las traducciones

Empezó hace tiempo como un juego. Y después se transformó en una especie de deber moral apuntalado por un TOC: las traducciones de historietas que leía de internet eran mayormente desprolijas y, sobre todo, estaban plagadas de errores ortográficos y problemas de redacción (algo de lo que no están exentas algunas traducciones que leo en papel). Así que me largué con mi primer blog, en el que solo subía traducciones. Compartí Fell, una historieta de Warren Ellis y Ben Templesmith que me encanta y que lamentablemente nunca terminó de publicarse. Envalentonado por el placer de los guiones de Ellis también empecé a traducir Freakangels, del que solo terminé lo que representó el primer volumen de la serie. Estas historietas no las voy a compartir. Al menos no todavía. La primera por vergüenza: leo la traducción y me parece tosca, miro la edición y me parece desprolija; quizás en otro momento me siente a hacerla de nuevo. La segunda por incompleta, sin más ni más.

En aquel tiempo también traduje Signal to noise de Neil Gaiman y Dave McKean, dos tipos que admiro profundamente (y más cuando trabajan juntos). Elegí titularla en español Señal al ruido (a diferencia de la edición española que simplemente ponía Señal y ruido, diluyendo la carga de sentidos que tiene la preposición inglesa to en el casi neutro español). Esa, aunque le veo desprolijidades, la pueden leer y recomiendo que lo hagan. Es una historieta sobre contar una historia, sobre finales (en varios sentidos), y sobre un cineasta al que le diagnostican cáncer.

De ese tiempo, también comparto algunas historietas cortas. Miedo a caer es una de aquellas historias de Morfeo que se resuelven con un sueño. Un actor con problemas para aceptar la probabilidad de ser un suceso o la fatalidad de fracasar se encuentra con Sueño en su provincia y recibe un consejo. Es interesante tratar de ponerlo en practica. El castillo es un pequeño tour equívoco por las inmediaciones del Sueño. Poco más ocurre. Muerte: un historia de invierno tiene por protagonista a la hermana mayor de sueño que nos cuenta unas experiencias sobre su trabajo. Amplía un detalle muy interesante sobre una decisión que ella tomó hace tiempo y que en la serie regular se desliza: una vez cada cierta cantidad de tiempo, Muerte vive una vida mortal por un día. Por último, Planetary Preview, en donde Warren Ellis y John Cassaday experimentan por primera vez con Elijah Snow y su grupo de investigadores de lo desconocido. Planetary es una historieta que me gusta mucho, pero no me daba el cuero para traducirla entera, así que opté por despuntar el vicio con esas ocho paginitas.

De ese tiempo a hoy, la traducción de Un pequeño asesinato me había quedado suspendida en el último capítulo. Es una gran historieta de Alan Moore y Oscar Zárate sobre crecer. Y también sobre un publicista y su vida tensionada entre la perversión y la normalidad.

Traducir Little Nemo in Slumberland fue, al igual que esa historieta, un sueño utópico. Hice pocas páginas y pido disculpas por no poder ni querer seguirla. Pero ahí está el principio de un clásico que jugó recursivamente con el “y al final fue todo un sueño” para quien quiera leerlo.

También está Calvin & Hobbes, una tira con la que ya me encariñé tanto y encontró un tono tan propio que difícilmente deje de traducirla en el corto o mediano plazo.

Revolviendo cosas viejas, encontré en el tintero El Avatar y la Quimera de P. Craig Russell. Un gran narrador contando la historia de una ópera en el estilo de la ópera (texto en idioma conocido y después a enfrentarse con el arte).

Por último, algo que, creo no sin modestia, es casi un favor a la comunidad: Floyd Farland, ciudadano del futuro, la primera historieta editada de Chris Ware. Los que lo hayan leído van a encontrar muchas cosas que hoy es Ware presentes en esta historietita de ciencia ficción distópica: la ironía mordaz, las observaciones sobre la cultura de la publicidad, el manejo genial del diseño de página, la tendencia al análisis en las secuencias y algún otro rasgo que se me está escapando.

El criterio de traducción siempre fue más o menos el mismo: confiar en mi oído y que los textos traducidos me suenen “naturales” en una especie de castellano rioplatense estándar. En retrospectiva hay cosas que fui puliendo sobre el arte de traducir y cosas a las que todavía no les encuentro la vuelta. Pero traducir es parte de un juego que me gusta jugar en este blog: el juego de escribir. En tanto que espacio de escritura, este lugar le cedió mucha importancia a la traducción, y la crítica perdió terreno. Será cuestión de volver a encontrar los tiempos y las motivaciones para poder seguir con lo segundo. Por ahora, disfrutemos de que no nos falten historietas para leer.

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Publicado el marzo 29, 2014 en publicitarias, Reflexiones que parecen importantes. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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