“El legado del Zodíaco: Convergencia”, una reseña

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La leyenda cuenta que el Emperador Jade convocó a los animales de la selva a correr una carrera para ver quien cruzaba el río primero. Como eran grandes amigos, el gato y la rata (nadadores pésimos los dos) decidieron que yendo sobre el lomo del buey llegarían primero a la otra orilla. Para quedarse con el premio, la rata empujó al gato al agua y así fue el primer animal del Zodíaco chino. En segundo lugar llegó el buey, que era muy fuerte y cruzó sin problemas. Jadeante y empapado, el tigre llegó en tercer lugar, y contó a todos cómo tuvo que luchar contra las embravecidas aguas valiéndose de su fuerza. El conejo, que podía saltar de una orilla a la otra, llegó en cuarto lugar y le contó al emperador que se hubiera ahogado de no haberse aferrado a un tronco que había cerca de la orilla. Y después llegó el dragón, que, volando, podría haber llegado primero, pero se quedó demorado en el camino provocando una lluvia para ayudar a los seres de la tierra y, además, cuando estaba cerca de la meta, dio un pequeño empujón a un conejo que vio flotando en un tronco para que no se hundiera.
A lo lejos se escuchó el galope del caballo, pero la serpiente lo asustó e hizo caer antes de que llegara a la meta. Así, en sexto lugar llegó la serpiente y en el séptimo el caballo.
Atrás llegaron la oveja, el mono y el gallo. Entre los tres consiguieron cruzar el río: el gallo construyó una balsa ayudado por el mono y la oveja que despejaron la maleza. De este modo, remando un poco cada uno llegaron y el emperador nombró octavo al gallo, noveno al mono y décima a la oveja.
En el decimoprimer puesto llegó el perro, que es un gran nadador, pero no pudo resistirse a tomar un buen baño en el río después de semejante carrera, y así se retrasó.
Cuando el emperador estaba por declarar finalizada la carrera, escuchó a lo lejos el gruñido de un jabalí, que había empezado a correr muy hambriento y tuvo que demorarse en un gran banquete. Él fue el duodécimo animal del Zodíaco.
Para cuando el gato llegó, el emperador ya había cerrado la carrera, y así fue como se enemistó con la rata tras quedar fuera del Zodíaco.
Si este pequeño relato con los personajes del Zodíaco chino tiene ribetes de fábula infantil, “El legado del Zodíaco: Convergencia”, de Stan Lee, Stuart Moore y Andie Tong, tiene un tono completamente diferente.
En la línea de las sagas de Percy Jackson o Harry Potter, novelas en las que un niño descubre que es parte de una comunidad marginal en cuya red de relaciones y hostilidades se traman los destinos de toda la humanidad, “Convergencia” cuenta la historia de Steven Lee, un niño surcoreano de catorce años que por estar circunstancialmente en el momento y el lugar equivocados recibe el poder zodiacal del Tigre.
Si bien enunciado más o menos abiertamente, el concepto que el viejo Stan Lee y Stuart Moore crearon para esta saga es que los signos de Zodíaco no sólo son una fuerza que influye en el carácter de los sujetos, sino que, a partir de una organización especial de los astros que ocurre cada 144 años, un grupo elegido de personas recibe poderes especiales de parte de cada signo a causa de una concentración mayor de esta energía zodiacal.
A Steven le llegan los suyos en el subsuelo del Nuevo Museo del Patrimonio Cultural Chino: un sonido extraño lo separó de una visita guiada y terminó envuelto en una disputa entre Jasmine y Maxwell, quienes recibirán (y lucharán por) el poder del Dragón gracias a los conocimientos científicos y zodiacales de Carlos. Él y Jasmine trabajaban para la corporación Vanguardia, pero decidieron separarse y evitar que el calculador Maxwell, su dueño, se haga de todos los poderes del Zodíaco: sería capaz de cualquier cosa una vez que los poseyera.
Luego de este primer encuentro con Maxwell, quien ocupará el lugar del “malo” a lo largo de la novela, Steven, Jasmine y Carlos deben emprender un largo camino para buscar a los otros jóvenes que fueron infundidos por el poder del Zodíaco y están repartidos a lo largo y a lo ancho del mundo. Los agentes de Vanguardia también interferirán, por lo que nada será fácil.
El camino de Steven como héroe estará atravesado por dudas, algunas muy propias de un chico de catorce años, pero su conciencia (y la vívida memoria de su abuelo) lo mantendrán siempre donde tiene que estar: ayudando a sus compañeros de grupo a hacer el bien.
Una parte importante de “Convergencia” está signada por la construcción y consolidación de una comunidad: el grupo de poseedores del poder del Zodíaco que reúnen Steven y Jasmine será confrontado varias veces por los aliados de Maxwell con resultados dispares, no en cuanto a la victoria o la derrota sino en cuanto a las capacidades del grupo en tanto que tal. Quizás ese sea el punto más destacable de la novela: la reflexión sobre la necesidad de lo grupal, siendo que las épicas superheróicas tienden a resaltar demasiado las capacidades individuales del protagonista.
En resumen, es una novela entretenida de leer y que termina con un cliffhanger tan tremendo que uno ya quisiera tener la continuación en la mano. Y es interesante también ver un trabajo más del viejo Stan, cuyas ideas parecieran no acabarse nunca. Bravo por él y por “El legado del Zodíaco: Convergencia”.

Publicado el octubre 15, 2015 en Lecturas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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